domingo, 25 de diciembre de 2016

Ser feliz

Ser feliz es increíblemente fácil e increíblemente simple. Digo increíble, porque la inmensa mayoría de la gente no se lo cree, pero es verdad.

Ser feliz es una emoción, y como toda emoción está provocada por una idea.

Esa idea es la opinión que tenemos sobre nosotros mismos. Es lo que hemos decidido creer que somos.

Es habitual confundir lo que somos, con lo que pensamos que somos, con lo que pensamos que es "nuestra vida". Sin embargo, son cosas bien diferentes.

El que ES, evalúa lo que parece pasarle y emite un juicio en función de su escala de valores, que es un asunto cultural y aprendido. Así, el que ES, solo será feliz si le pasan ciertas cosas, y además, esas cosas que le tienen que pasar para ser feliz, cambian con el tiempo, cambian sobre todo cuando las consigue. Por eso, quien pretende tener una vida feliz que se ajuste a unos determinados parámetros, nunca lo consigue.

Nada externo te hará nunca feliz.

La única idea que te hará realmente feliz eres tú mismo, que naturalmente eres una idea feliz.

Desecha todo y quédate solo contigo mismo, y vivirás tu natural felicidad.

Como he dicho: es simple, es fácil.

domingo, 23 de octubre de 2016

Caminos con corazón

Supongo que a estas alturas ya sabéis que yo no soy partidario de las ensaladas espirituales, que en forma de técnicas de "mejoramiento", terapias "alternativas" o sistemas de "auto-ayuda" son corrientes en nuestra sociedad desde hace unas cuantas décadas. Yo pienso, como dice Nisargadatta, que si quieres encontrar agua, más vale que caves un único pozo, y sigas cavando hasta que el agua aparezca. Si no eres serio, si no tienes una fuerte determinación y una devoción absoluta, no llegarás a ninguna parte en ningún camino espiritual. Desgraciadamente el signo de nuestro tiempo está marcado por la superficialidad, la trivialidad y la banalidad. Un tiempo en el que la espiritualidad se ha convertido en un bien de consumo más para un colectivo que solo busca coleccionar experiencias que les haga sentirse especiales.

No me gusta criticar a nadie. Detesto profundamente cómo me siento cuando lo hago. Pero recuerdo las palabras de Quevedo: "Pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca; y si al alma su hiel toca, esconderla es necedad". Y la verdad es que, si queremos llegar a alguna parte, es imprescindible devocionarnos a un único camino, el que sea, siempre y cuando tenga corazón.

A continuación os dejo con las palabras de don Juan, de Carlos Castaneda, a quien estuve muy vinculado en mi juventud.

"Las enseñanzas de don Juan" de Carlos Castaneda (1968)

"Para mí sólo recorrer caminos que tienen corazón,
cualquier camino que tenga corazón.
Por ahí yo recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo.
Y por ahí recorro mirando, mirando, sin aliento."


"Cualquier cosa es un camino entre cantidades de caminos. Por eso debes tener siempre presente que un camino es sólo un camino; si sientes que no deberías seguirlo, no debes seguir en él bajo ninguna condición. Para tener esa claridad debes llevar una vida disciplinada. Sólo entonces sabrás que un camino es nada más un camino, y no afrenta, ni para ti ni para otros, en dejarlo si eso es lo que tu corazón te dice. Pero tu decisión de seguir en el camino o de dejarlo debe estar libre de miedo y de ambición. Te prevengo. Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario. Luego hazte a ti mismo, y a ti solo, una pregunta. Es una pregunta que sólo se hace un hombre muy viejo. (...)
¿Tiene corazón este camino?
Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte.
Son caminos que van por el matorral. Puedo decir que en mi propia vida he recorrido caminos largos, largos, pero no estoy en ninguna parte.
Ahora (muchos años después) tiene sentido sentido la pregunta de mi benefactor.
¿Tiene corazón este camino?
Si tiene, el camino es bueno; sino, de nada sirve.
Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no.
Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida.
Uno te hace fuerte; el otro te debilita."

DON JUAN

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Pasa de ti

La clave para eliminar las dudas, las angustias, los miedos y las depresiones es no hacer caso en absoluto a nuestro ego, ni siquiera a sus aparentes "propuestas amorosas". Todo lo que se nos pasa por la cabeza es basura, de un tipo o de otro. Todas las opiniones que tenemos sobre nosotros mismos o sobre el mundo son falsas. No merece la pena considerarlas en absoluto. Piensa que, cuando el Espíritu Santo nos habla, o el Cielo nos bendice con un pensamiento de Dios, no hay ningún "yo" ahí para recibirlo, tan solo es un recuerdo de nosotros mismos, de nuestra auténtica indiferenciada, total y verdaderamente amorosa identidad. Cuando eso ocurre, nosotros no somos amorosos, porque es imposible que el ego sea amoroso. Cuando eso ocurre, nosotros somos amor, nuestra verdadera naturaleza. Por eso, el trabajo espiritual no es de "conseguir", pues solo conseguiremos ilusiones. El trabajo espiritual es de "negar", pues todo a lo que la mente tiene acceso es falso. Recuerda el viejo dicho advaita: "Esto no, esto tampoco". El trabajo es simple, se trata de descartar, que es lo mismo que perdonar. Puede parecer que esta sea una opción muy dura y radical, pero créeme, es la única alternativa si no deseas deambular persiguiendo sueños que te acabarán desengañando. E incluso eso es positivo, pues todo desengaño, bien entendido, es una magnífica lección. Todo lo bueno viene de negar al mundo en todas sus formas. Ninguna forma merece la pena. Hasta la que te pueda parecer amorosa encierra algún tipo de especialismo que te acabará defraudando. Perdona al mundo y camina con las manos vacías hacia tu Dios. No conseguirás nada, salvo perderte en Su corazón.

Te ayudará leer Texto 4, sección IV. Esto no tiene por qué ser así. y Texto 31, sección V. El concepto del yo frente al verdadero ser. Hay que leer muy despacio, sobre todo esta última sección, porque es muy densa y muy potente. Cada frase es importante.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Yo, mi, conmigo

Hay mucha gente que piensa que los debates no sirven para nada, como el autor de este interesante artículo. Ni siquiera las discusiones que mantenemos con nosotros mismos mediante el diálogo interno. El advaita y el Curso de milagros nos recuerdan que el ego no sabe nada. Así que, ¿debiéramos acaso quedarnos callados?, ¿rechazar todo lo que se nos viene a la cabeza?, ¿no leer?, ¿no pensar?

Pues en parte, eso sí que es cierto, o mejor aún, hay una manera de pensar a la que eso sí se aplica. 

Pensar es la función de la mente, que el Curso describe como el principio activo del espíritu que le confiere a este su energía creativa. Sin embargo, en este mundo ilusorio, los Hijos de Dios parecen estar separados y sus mentes no parecen estar unidas, por eso, el concepto de una mente individual parece tener sentido. En la Realidad esto no es así, pero sí es lo que experimenta en sueños la mente dormida del Hijo de Dios. 

En el Curso se describe la mente como si tuviera dos partes: el espíritu y el ego. De hecho, más que dos partes, es el resultado de una decisión que la mente toma: escuchar al ego, o al Espíritu Santo, quien nos recuerda nuestra verdadera identidad. Por eso, podemos decir que la mente tiene la libertad de elegir entre dos sistemas de pensamiento totalmente diferentes; exactamente opuestos. Cuando optamos por el sistema de pensamiento del ego, lo cual ocurre casi siempre; estamos equivocados, es decir: nuestros juicios no se ajustan a la realidad. Sin embargo, cuando decidimos escuchar a la voz del Espíritu Santo, nuestra percepción es verdadera.

Es interesante recalcar que, cuando optamos por el Espíritu Santo, no es lícito formular el viejo "yo pienso que...", porque en realidad no hay un "yo soy" egóico detrás de esa idea, simplemente hay conocimiento. El problema es que tras la separación nos volvimos maníacamente posesivos, arrogantes y narcisistas. Nuestra alocada declaración de independencia de la Realidad Divina nos convirtió en dementes separatistas reclamando una identidad propia y diferente. Nos mentimos a nosotros mismos sobre la autoría de nuestro Ser hasta conseguir perder completamente de vista nuestro verdadero origen, y este es el triste resultado. Ahora el ego se pregunta con falsa humildad: ¿cómo fue posible esto?, pues yo creo que está clarísimo. Cada vez que decimos "yo soy...", "yo pienso que...", "yo...lo que sea", estamos dando testimonio de la separación, del tremendo error que cometimos.

Por otra parte, hay que darse cuenta de que el error no fue real. Es imposible que lo fuera. Es imposible cambiar la voluntad de Dios. Es un error que simplemente ha generado ilusiones. Todo es un mal sueño del que más vale despertar cuanto antes. No nos equivoquemos amigos. Este mundo, ni siquiera en la mejor de sus formulaciones, merece la pena. Nuestra auténtica herencia es infinitamente mejor que nuestros más altos anhelos. Un desierto siempre será un desierto, porque no tiene agua. Y lo mejor que se puede hacer con un desierto es abandonarlo.


Me desengañé, eso es todo. Yo solía crear un mundo y poblarlo. Ahora ya no lo hago más. Ahora vivo en el vacío más allá del ser y el no-ser, más allá de la consciencia. No tengáis lástima de mí; ese vacío es también plenitud. Mi mente dejó de producir eventos. Mi antigua e incesante búsqueda cesó. No quise nada, ni esperé nada, ni acepté nada como mío. No quedó ningún yo por el que afanarse. Incluso el desnudo “Yo soy” se desvaneció. Otra cosa que noté es que había perdido todas mis certezas habituales. Antes estaba seguro de muchas cosas, ahora no estoy seguro de nada. Pero pienso que no he perdido nada por no saber, pues todo mi conocimiento era falso. Mi no saber era en sí mismo conocimiento del hecho de que todo conocimiento es ignorancia, de que “Yo no sé” es la única afirmación verdadera que la mente puede hacer.

Nisargadatta 

jueves, 18 de agosto de 2016

Ese Curso siempre nuevo

No importa cuántas veces se lea. El Curso tiene esa extraña cualidad de parecer siempre algo nuevo, desconocido y clarificador. La razón de que esto sea así es bastante simple si se mira con honestidad. Lo que ocurre es que el ego, cuando se enfrenta al Conocimiento (sí, con mayúscula), se atemoriza, se bloquea, y para ello recurre a un tipo de "retraso mental". La resistencia que las enseñanzas del Curso tienen que superar para llegar a nuestra mente correcta son inmensas, os lo aseguro. Aprender las enseñanzas del Curso se parece mucho a nadar contracorriente. A primera vista podría parecer que sorprendernos al releer el Curso es una simpática característica de su contenido. No es así. En realidad es una perversa maniobra de la mente adueñada por el ego, que se resiste con furia a la luz que lo disiparía. Es una forma de retraso mental que debemos rechazar con determinación. 

Tenemos la tendencia a pensar que aprender el Curso es fácil, pero que practicarlo no lo es. Pues no. Es exactamente al revés. En realidad el comportamiento es automático y responde con fidelidad al sistema de pensamiento al que la mente se adhiere. Lo difícil es cambiar de mentalidad. Cuando se consigue, nuestros actos siguen sin esfuerzo y expresan nuestra nueva manera de entender la realidad. Hemos conocido la verdad, y la verdad nos ha hecho libres. Por eso debemos poner toda nuestra voluntad en cambiar nuestra manera de pensar, el resto, viene solo. Esa es la razón por la que en el Curso no hay ni una sola referencia al comportamiento, y por la que se define a sí mismo como un curso de entrenamiento mental. Es un método, muy eficaz, por cierto, para pasar de la mentalidad errónea a la mentalidad correcta o milagrosa.

Pongámonos con absoluta determinación a la urgente tarea de cambiar nuestra mente a la luz de la verdad. La recompensa es inmensa. Es el fin del miedo. La consecución de la paz.

martes, 9 de agosto de 2016

Breve guía de la metafísica de Un Curso de Milagros


Dios es lo que es, lo único que es, lo único y todo lo que hay. A eso llamamos lo real, o la realidad.
Dios es absolutamente abstracto. Es una idea infinita.
Dios Puede, Ama, y Conoce. Esta es la triada que define al Ser: Poder, Amor, y Conocimiento.
La naturaleza de Dios es extenderse a Sí mismo en su triple aspecto de Voluntad, Dicha, y Comunicación.
Crear es extenderse, la Creación es la extensión de lo Real.
A la extensión de Dios le llamamos el Hijo de Dios.
Dios y el Hijo de Dios son de idéntica naturaleza y son Uno.
Dios y el Hijo de Dios no son equivalentes, pues el Hijo de Dios procede de Dios, pero Dios no procede del Hijo.
La voluntad de Dios es la felicidad de su Hijo y su perfecta comunicación con Él. Y como esa es su voluntad, así es ahora en el eterno presente.
El poder del Hijo de Dios es, al igual que el de su Padre, ilimitado, pero debido a su naturaleza, solo puede crear a imagen de Sí mismo, es decir: solo puede extenderse y crear Realidad, a lo que llamamos, las Creaciones del Hijo de Dios.
Dios, el Hijo de Dios, y las Creaciones del Hijo de Dios, son de idéntica naturaleza, y son una unidad indistinguible, excepto por el orden de proveniencia, pues Dios simplemente es, y en su extensión, que es la manifestación de su voluntad de ser, crea a su Hijo, quien a su vez también se extiende en sus Creaciones, las cuales se extienden igualmente creando sus propias Creaciones, y así de forma infinita.
Expresado de forma gráfica, podemos concebir a Dios como un círculo rodeado de una corona circular – su Hijo- rodeado a su vez de otra corona circular –las Creaciones del Hijo- y así sucesivamente en un proceso sin fin que es puramente abstracto, fuera del tiempo y el espacio, infinitamente potente, amoroso, e inteligente, pues esa es la condición de ser.
Ser es dicha, y dicha es ser. Esa es la condición de lo Real. Lo único que existe. Esto es auténtico conocimiento, y es la verdad, que no puede ser comprendida por el ego, que por definición es limitado e incapaz de entender la realidad –Dios– que es ilimitada.
Dios, o lo Real, no conoce nada más que a Sí mismo, pues nada hay fuera de Él mismo.
Dios no juzga, pues solo contempla lo Real, que es Él Mismo y es perfecto.
Todo lo que tiene forma, cambia y es limitado en el tiempo  y en el espacio, no es real, es una ilusión, y por lo tanto no existe.
El tiempo y el espacio es el marco de referencia ilusorio en el que las ilusiones parecen acontecer.
Materia, energía, fuerza, y forma, son características de las ilusiones por las que estas parecen ser sin serlo.
Todo lo limitado y mensurable es ilusorio.
Crear es idear, pues la naturaleza de lo Real es una idea. Esto es totalmente cierto, pero de nuevo, completamente incomprensible para el ego, que es incapaz de tener ideas auténticamente creativas, pues el ego en sí mismo es una ilusión y no existe.
El Hijo de Dios puede formular incluso ideas imposibles, pues tal es su libertad, pero al ser imposibles, por definición, no pueden existir en la Realidad, y en consecuencia, no existen.
Una idea imposible pasó por la mente del Hijo de Dios, y se puede formular así: ¿Puedo existir por mí mismo separado de mi Padre Creador? Al ser una idea imposible, no es creativa, y no genera realidad, luego no existe, ni ha existido, ni existirá. Lo Real no puede ser amenazado por lo irreal, por eso no corre peligro.
Nada irreal existe.
Nada real puede ser amenazado.
En eso radica la paz de Dios
La idea imposible del Hijo de Dios se expresa en la fabricación de un universo ilusorio, que no existe, pero que puede ser percibido por la mente fragmentada del Hijo de Dios.
En realidad la mente del Hijo de Dios no está fragmentada, pero cree estarlo, pues esa ha sido su elección.
Llamamos percepción a la proyección que hace la mente fragmentada del Hijo de Dios de su propia fragmentación y separación.
Lo real es perfecto e inalterable, salvo en su extensión, pues ser es amar, y amar es extender dicha.
Lo imposible es imposible, y no puede existir, pero puede ser ilusorio, es decir: parecer ser. Lo ilusorio no es, pero parece ser.
La idea imposible del Hijo de Dios no puede generar realidad, pero sí ilusión. A la ilusión del Hijo de Dios le llamamos mundo cuando se percibe como externa, y ego cuando se percibe como interna.
La condición de la mente individual es la separación, por eso proyecta separación, y la percibe como conflicto.
La ilusión del Hijo de Dios fue la concepción de la idea imposible de la separación, por eso, la idea de la separación está en todas sus fantasías. Las fantasías más relevantes son:

  • ·         La idea de un ego, expresión de una conciencia individualizada y separada de todo.
  • ·         La idea de otros egos diferentes entre sí.
  • ·         La idea de un cuerpo contenedor de una mente.
  • ·         La idea de un mundo externo compuesto de formas separadas entre sí y a su vez separado del ego.
  • ·         La idea de espacio como ámbito que aloja formas limitadas y separadas.
  • ·         La idea de tiempo que separa eventos sujetos al transcurso de una línea temporal en la que un inexistente presente separa el pasado del futuro.
Nada de esto es real, pero parece serlo, pues tal es la naturaleza de las ilusiones (del latín illusio: engaño).
El ego es lo que la mente fragmentada cree ser, y vive en un mundo igualmente fragmentado en una infinitud de partes separadas.
En realidad la mente ni está separada ni fragmentada, eso es solo una manera de hablar, pues la mente fue creada por Dios y por siempre es perfecta y una en Él.
La separación es tan solo una creencia, cuando esta se abandona, la mente recuerda su conciencia natural de ser uno en Dios.
Este proceso ocurre en un tiempo que no existe realmente, pues el tiempo en sí mismo es una ilusión de la mente fragmentada.
La mente fragmentada aún recuerda vagamente el Cielo, que era su condición previa a la separación.
El ego busca desesperadamente a Dios todo el tiempo y en todo lo que hace, pero lo busca en el universo ilusorio de las formas separadas, y como no puede encontrarlo en la ilusión, está permanentemente frustrado y ansioso.
La mente individualizada no puede encontrar a Dios en ningún sitio, porque ella misma es Dios, aunque no lo sabe.
Dios no es consciente de la ilusión del Hijo de Dios, pues es perfecto y eternamente dichoso e idéntico a sí mismo, pero su Voluntad se extiende a todo, tanto lo Real como lo imaginario.
La voluntad de Dios en lo Real se expresa como amor infinito a sus criaturas. La voluntad de Dios en lo imaginario se expresa como reparación, a través de un aprendizaje en el tiempo ilusorio al que llamamos Expiación, y que tiene como objetivo el despertar de las ilusiones a la Realidad.
El símbolo de la reparación se llama Espíritu Santo, que conoce tanto la realidad divina como la ilusión del Hijo de Dios.
El mecanismo de la Expiación es el perdón, y es la defensa perfecta contra las ilusiones. Su administrador es el Espíritu Santo.
Al introducirse en la mente del Hijo de Dios la idea de la separación, esta concibió la ilusión de estar separadas en distintas mentes con una aparente individualidad en torno a la idea del ego.
El ego es la identificación de la mente ilusa del Hijo de Dios con ella misma en al ámbito ilusorio de tiempo, espacio y cuerpo, en el cual lucha por su supervivencia, pues se siente amenazado, ya que la misma ilusión es congruente con la idea de rechazo de los atributos de lo divino, y en lo concreto, la permanencia es imposible.
El ego, sin embargo, ansía la permanencia en el tiempo, que es un pálido reflejo de la condición natural de ser de lo Real.
Como el ego no es creativo en absoluto, todos sus esfuerzos tienden a manifestar en su mundo las características absolutas de lo divino, pero en la forma concreta, que es la que entiende.
Como esto es imposible, el ego está siempre insatisfecho y quiere más de todo.
Percibir es proyectar, y es la manera en la que el ego se relaciona consigo mismo.
Como el ego es ilusorio, toda percepción es ilusión.
Jesús fue un hombre -el primero- que se identificó perfectamente con el Espíritu Santo, por ello, es equivalente al Espíritu Santo.
El proceso de la Expiación conduce al despertar de todas y cada una de las mentes que se perciben como separadas al feliz reconocimiento de que son una con lo real, tal como siempre ha sido.
Tras la idea de separación que surgió en la mente del Hijo de Dios, esta se percibió a sí misma como fragmentada en innumerables mentes individuales.
La mente individual puede escuchar dos voces, la del ego y la del Espíritu Santo.
Si escucha y sigue los dictados de la voz del ego decimos que la mente es errónea, pues el ego no sabe nada.
El mundo que percibe la mente errónea es mundo hostil, donde impera el sufrimiento, la soledad y la muerte.
Si escuchamos la voz del Espíritu Santo, decimos que la mente es recta, pues el Espíritu Santo lo sabe todo, ya que conoce perfectamente  tanto el ámbito de lo ilusorio como lo Real, y lo que percibe la mente recta se llama el mundo real.
El mundo real también es una ilusión, la última, pues es una ilusión en línea con la naturaleza divina en términos de inocencia, paz y amor.
El mundo percibido es una proyección de la mente individualizada que proyecta su particular visión de la separación, por eso es siempre la lección perfecta que esa mente debe aprender, es decir: perdonar.
La mente puede proyectar su separación en el mundo ilusorio  externo, lo percibirá como un ataque a su ego, y lo llamará conflicto.
La mente puede proyectar su separación en el mundo ilusorio  íntimo, lo percibirá como un ataque a su cuerpo, y lo llamará enfermedad.
Aprender y perdonar son lo mismo.
Perdonar y sanar son lo mismo.
Perdonar es entregar toda situación de conflicto al Espíritu Santo para que la gestione. El Espíritu Santo siempre resuelve todo conflicto con el máximo beneficio para todas las partes.
Todo conflicto es un símbolo específico de separación. Cuando ese símbolo es perdonado la mente sana ese aspecto de la separación, la lección ha sido aprendida y ya no vuelve a ser proyectada. Así, a partir de entonces ese conflicto ya no es percibido.
Cuando se perdona un conflicto la situación que lo expresa se percibe de manera diferente, se ha cambiado una ilusión por otra. Eso es un milagro.
Todo conflicto que no se perdone, se repite, es decir: vuelve a ser proyectado y percibido de nuevo, ofreciéndose una vez más la oportunidad de perdonarlo.
El comportamiento es automático y no puede ser controlado. Es simplemente la consecuencia de escuchar a la voz del ego o a la del Espíritu Santo.
La mente tiene la libertad de elegir qué voz escucha; la del ego, o la del Espíritu Santo.
Para escuchar la voz del Espíritu Santo es imprescindible, purificar, vigilar la mente, y disciplinarla con un firme propósito y una devoción sincera.
Un curso de milagros es un curso de entrenamiento mental que tiene como objetivo conducir  a la mente errónea de forma eficiente y rápida al mundo real. Y con eso se acaba el aprendizaje, pues a partir de ahí, el paso de despertar la mente a la Realidad, lo da Dios.

-o0o-


sábado, 16 de julio de 2016

El Centramiento

EL CENTRAMIENTO


Me resulta imposible hablar del centramiento sin mencionar a Antonio Blay, mi querido maestro de quien lo aprendí, primero como una técnica, y luego como una forma de vivir.
El centramiento debe ser la posición natural de la mente cuando no se está meditando.
Cuando no se está centrado, se está descentrado.

Estar centrado es responsabilizarse absolutamente de todo aspecto mental, afectivo y energético de nuestra conciencia de ser, y expresarlo al límite de nuestras capacidades SIEMPRE.

Antonio Blay decía que Dios, o lo Superior, como él lo llamaba para evitar posibles rechazos en determinados ámbitos culturales, puede entenderse como la expresión absoluta de tres aspectos: ENERGÍA , AMOR e INTELIGENCIA.

El ser humano vive, sin embargo, una expresión limitada de esas mismas cualidades que se encuentran en Dios de una manera infinita. La autorealización consiste en la superación de esas limitaciones hasta actualizar en sí mismo la misma naturaleza divina.

No se trata de convertir al hombre en un superhombre (superego), sino que, mediante una honesta y genuina aspiración, ir eliminando las ideas auto limitadoras por las que el ego se define.

Podemos recordar aquí el pensamiento de Ortega y Gasset que dice: "Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión".

A esta tarea de actualización de la verdadera naturaleza humana, Antonio lo llamaba “El trabajo”.

Antonio utilizaba la evocación como la técnica clave para conseguir la expansión de la conciencia y la experiencia de lo absoluto.

Mediante la evocación de experiencias pasadas relativas a la triada, ENERGÍA, AMOR e INTELIGENCIA, y su expansión consciente, el individuo se vuelve más potente, más amoroso e inteligente.

El centramiento comienza con una técnica mental muy específica que podemos sintetizar así:


  •          Evocamos una experiencia relacionada con una gran energía, por ejemplo el poder que se siente en la pista de un aeropuerto al lado de los motores de un avión a punto de despegar. Tomamos conciencia de esa energía y, olvidando al avión, nos quedamos con la sensación de energía de dicha experiencia. La sostenemos en la mente, nos familiarizamos con ella, y la expandimos todo lo que podemos. Entonces nos identificamos con ella y la hacemos propia. Yo soy eso, Yo soy PODER.
  •          Luego evocamos una experiencia afectiva que haya suscitado en nosotros un gran amor. Probablemente lo más fácil sea el recuerdo de alguien a quien amemos mucho o hayamos amado. De la misma manera anterior, expandimos la experiencia en nuestra conciencia, ahora ya sin relacionarla con alguien concreto, y la hacemos nuestra. Yo soy eso, yo soy AMOR.
  •          Finalmente la inteligencia. Quizás la más difícil. Aquí tenemos que evocar un instante de certeza en el hayamos experimentado una verdad, un descubrimiento, aunque sea pequeño. No es sensación ni sentimiento, lo solemos llamar lucidez mental. Y de igual manera, nos desprendemos del concepto concreto que nos trajo esa luz, e intentamos mantener esa experiencia estrictamente mental. En esta ocasión no hace falta expandirla, basta con mantenerla en el tiempo unos segundos y ella misma nos arrebata y eleva. Yo soy INTELIGENCIA.

Quizás la mayor aportación de Antonio fue identificar la conciencia de ser como la triada de ENERGÍA-AMOR-INTELIGENCIA, que en los humanos es limitada, y en Dios es absoluta, ilimitada, eterna.

Aquí una bonita meditación guiada por el propio Antonio.

Lo más importante de todo es darse cuenta de que, una vez conseguido el estado de “conciencia de ser”, hay que mantenerlo siempre, se haga lo que se haga. Esa es la manera apropiada de vivir. La manera consciente y responsable. Todo lo que no sea eso, es estar perdido en ensoñaciones y fantasías sin sentido.


La conciencia del ser trío se puede y debe expresar perfectamente en la acción, en la que nos manifestamos como poderosos, amorosos y lúcidos. Así, debemos estar centrados cuando caminamos, conducimos, realizamos cualquier tipo de actividad, y sobre todo, sobre todo, en las relaciones interpersonales. Cuando la vida se vive así, es más intensa, más satisfactoria, con más sentido, en definitiva: más real. Una vida que sí merece la pena ser vivida.